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Tamerlán, émulo de Gengis Kan

Este príncipe mogol de la Edad Media sembró el pánico en todos los territorios por él conquistados. Su crueldad en la guerra fue legendaria y la fuerza de sus ejércitos, irresistible. Rivalizó en hazañas con Gengis Kan, su antecesor.

tamerlan Las crónicas antiguas hablan de Tamerlán (1336-1405), para los orientales Timur Leng, como de un conquistador feroz, que ordenaba a sus soldados levantar pirámides con las cabezas de los enemigos muertos en combate. Descendiente directo de Gengis Kan e hijo del jefe de una tribu turca, nació cerca de Samarcanda (Rusia) y forjó el segundo gran imperio mogol. Sus ejércitos conquistaron Persia, el Asia Central y llegaron hasta cerca de Moscú; invadieron la India hasta el Ganges después de haber dominado Siria y entrado en Bagdad y Angora. Este militar despiadado en la guerra fue también un gran protector de las artes y un devoto musulmán. La muerte le sorprendió repentinamente cuando se proponía invadir China. Fue enterrado con gran pompa en Samarcanda y con su desaparición su vasto imperio se desmembró; sus conquistas habían resultado superficiales y baldías.

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Atila, el azote de Dios

Atila, nacido a principios del siglo V, fue llamado “azote de Dios” porque devastó el decadente y corrompido imperio romano con sus incursiones guerreras. Instruido y supersticioso al mismo tiempo, fue el prototipo de la barbarie.

atilaDe sí mismo Atila había dicho: “Donde mi caballo posa su planta no vuelve a crecer la hierba”. Odiaba el imperio romano, en cuya corte se había criado. Le fue rechazada la pretensión de casarse con Honoria, hermana de Valentiniano III, y el emperador Marciano hubo de responder a sus amenazas: “Tengo oro para mis amigos y hierro para todos mis enemigos”. Atila atacó el imperio por todos sus flancos después de haber sido derrotado por godos y romanos en los Campos Cataláunicos, cerca de Chalon-sur-Marne. Llegó hasta a Aquilea, pero la intervención del papa León I pudo impedir que siguiese adelante. Jornandes, historiador contemporáneo, le hizo este retrato: “Pequeño de estatura, ancho de pecho, ojos diminutos contrastando con una cabeza de grandes proporciones. Poca barba y poco pelo sobre una piel macilenta”. Murió celebrando una orgía, a las que era aficionado.

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