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Guillermo el Conquistador

Con Guillermo el Conquistador (1027-1087), duque de Normandía, Inglaterra se vio gobernada por un rey inteligente y emprendedor, que orientó el país hacia su futura prosperidad. Impidió que los nobles debilitasen el poder real.

Guillermo_el_Conquistador A este noble y belicoso príncipe, hijo bastardo de Roberto, llamado “el Diablo”, duque de Normandía, su primo Eduardo el Confesor le había prometido la sucesión de la corona inglesa, contra las pretensiones de Haroldo de Wessex. Después de consolidar su autoridad en el ducado de Normandía, emprendió la ardua empresa de ocupar el trono inglés, luchando contra la rebeldía de los nobles, principalmente Heroldo, a quien derrotó y dio muerte en la batalla de Hastings (1066). Los señores feudales y los reyes de Escocia no se aquietaron fácilmente; pero Guillermo fue imponiendo poco a poco su autoridad real y mantuvo finalmente una paz estable. Siendo rey de Inglaterra, Guillermo no había abandonado el ducado de Normandía, que una vez más exigió su presencia por causa de los nobles, y así, este rey inglés murió en la francesa ciudad de Ruán de resultas de una caída de caballo.

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Un nombre humilde: Godofredo de Bouillon

Godofredo IV de Boulogne, más conocido por Godofredo de Bouillón, dirigió los ejércitos de la primera cruzada, con los que derrotó a los turcos y se instaló en Jerusalén. Su gesta llenó de júbilo a la cristiandad.

Godofredo_bouillon El poeta italiano Torcuato de Tasso inmortalizó la figura casi legendaria de Godofredo de Bouillon (1061-1100) en su poema “La Jerusalén libertada”. Según se cuenta, el noble francés se dirigió en peregrinación a Tierra Santa y a la entrada del Santo Sepulcro un guarda turco de malos modales le cerró el paso exigiéndole por la visita una cantidad de dinero que el modesto peregrino no llevaba en aquel momento. Godofredo insistió en entrar, comprometiéndose a pagar la cuenta más tarde, pero la respuesta del soldado fue una sonora bofetada. De regreso a su país, el ofendido caballero vendió su ducado de Boulogne para costear su participación en la primera cruzada. Venció a los turcos y en 1099 fue proclamado rey de Jerusalén; pero rehusó tal dignidad diciendo que “no quería ceñir corona de oro allí donde el Salvador del mundo la había llevado de espinas”. Sólo tomó el título de Protector del Santo Sepulcro.

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