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Diógenes, llamado “el Cínico”

La pintoresca figura de este filósofo griego, que buscaba a un hombre con una linterna y vivía dentro de un tonel, llegó a atraer hasta el propio Alejandro Magno, que fue a visitarlo. No escribió nada; enseñó con su ejemplo y mordaz palabra.

diogeneselcinico Algunos de aquellos antiguos filósofos se parecían a los modernos “hippies”. Sócrates, Platón y otros andaban descalzos. Pero ninguno les aventajó tanto en el descuido del vestido como Diógenes, quien después de haber pasado su juventud extravagante y disipada en Atenas, se entregó seriamente al cultivo de la filosofía, durmiendo en los pórticos de los templos y viviendo en la calle. Enseñaba más con la acción que con grandes discursos. Andrajoso, se paraba de repente delante de un rico bazar, surtido de cuando pueda desear el gusto más ambicioso, e inspeccionaba atentamente todo lo expuesto. Los jóvenes de la ciudad y todo el mundo se agolpaba, esperando alguna ocurrencia genial, y el filósofo se alejaba diciendo con un suspiro de alivio: “'¡De cuántas cosas no tengo yo necesidad!” Cuando Alejandro Magno le visitó, le preguntó qué deseaba de él, y el Cínico le respondió: “Que te apartes, para no quitarme el sol…”

Leer más en: http://es.wikipedia.org/wiki/Diógenes_de_Sinope

Lo que Buda reveló

Siddharta Gautama, llamado Buda (el Iluminado) fue un príncipe hindú que vivió entre los siglos VI y V antes de Jesucristo. Ante la consideración de las miserias humanas abandonó su familia y su palacio y vivió como anacoreta, predicando su doctrina.

budameditandofu2 Educado en la corte de su padre y desposado con una princesa, que le dio un hijo, Sidharta Gautama conoció el lujo y los honores de su rango real hasta los 29 años. La vista de un anciano, un enfermo, un muerto y un monje le abismaron en la consideración sobre el destino de la vida. Durante seis años anduvo errante en busca de la verdad y entregado a la vida ascética. Una noche, sentado debajo de un árbol, se sintió de repente iluminado interiormente. Comprendió que: “las cosas no son más que apariencia y que el verdadero saber, el que libera del dolor, consiste en despegar el afecto de cuanto existe.” Durante 45 años se dedicó a predicar estas verdades, reuniendo discípulos, tanto hombres como mujeres, que imitaron su vida y recogieron sus enseñanzas. Al morir, a los 80 años, les dijo: “Todo ser compuesto está sujeto a degeneración. Vivid con cautela.” El budismo se extendió rápidamente por el sudeste asiático.

Leer más en: http://es.wikipedia.org/wiki/Siddharta_Gautama

Las reelecciones de Pericles

Pericles fue el gran estratega y estadista griego, bajo cuyo gobierno la república de Atenas conoció el tiempo de su máximo esplendor: el “siglo de Pericles”. Escritores, filósofos y artistas engrandecieron el nombre de Grecia en este siglo, el V antes de Jesucristo.

pericles Una vez que los atenienses se vieron libres del dominio de los persas, a los que derrotaron, se entregaron con gran ánimo y esfuerzo al engrandecimiento del país. Pericles encauzó esta corriente patriótica durante los treinta años de su gobierno, para el que fue reelegido al fin de cada mandado por voto unánime de los electores. Perteneciente a una familia aristocrática y habiendo recibido una esmerada educación del filósofo Zenón de Elea, militó en el partido demócrata y se mostró gran protector del pueblo. Durante el “siglo de Pericles” se levantaron el Partenón y los Propileos; artistas como Fidias y Mirón ejecutaban sus mejores obras, el teatro alcanzaba su cenit con Sófocles y Eurípides, mientras Sócrates se rodeaba de sabios discípulos. Pericles fue amado por sus compatriotas y recordado después de su muerte por sus nobles principios, su integridad y sus grandes dotes de gobierno.

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Fidias, el alma del Partenón

En la más elevada cumbre de perfección y belleza alcanzada por los escultores griegos se sitúa Fidias, el artista al cual le fueron encargadas las obras del Partenón de Atenas. Hoy sólo se conservan las ruinas de aquel grandioso monumento.

fidias La mayoría de las obras de Fidias (490-431 a.C.) fueron destruidas o desaparecieron con el tiempo y hoy no las conocemos más que por las referencias de los que las contemplaron o por las réplicas que ejecutaron otros artistas. Lo que nos ha llegado de sus propias manos hasta nosotros son fragmentos del Partenón, enclavado en la Acrópolis de Atenas, la magna obra ejecutada por encargo de Pericles, el amigo y protector de los artistas de su tiempo. Y a pesar de sus mutilaciones, desgaste y fracturas, esos fragmentos revelan el arte exquisito, el gusto y el talento de su autor. Fidias imprimió en sus mármoles una tal serenidad de expresión y belleza de formas que lo consagraron maestro universal de la escultura. Para la ejecución de las obras del Partenón, Fidias organizó en Atenas un gran taller en el que trabajaban gran cantidad de artífices bajo sus órdenes y dirección.

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